Es la pregunta que casi siempre aparece cuando proponemos un sistema de comunicación aumentativa a una familia: "¿Y si se acostumbra y ya no quiere hablar?"
La preocupación es legítima. Nadie quiere cerrarle una puerta a su hijo. Pero conviene mirar de cerca el razonamiento, porque descansa en una idea que la práctica no sostiene.
De dónde viene el miedo
La lógica del miedo es intuitiva: si le doy una forma más fácil de comunicarse, no va a esforzarse por la difícil. Es la misma lógica de "si lo cargo, no va a caminar".
El problema es que la comunicación no funciona así. Un niño no elige entre hablar y señalar un pictograma como quien elige el camino más corto. Un niño usa lo que tiene disponible para conseguir lo que necesita. Si el habla estuviera disponible y funcionara, la usaría: es más rápida, más portátil y más eficiente que cualquier sistema.
Cuando un niño recurre a un tablero, es porque el habla no le está alcanzando en ese momento.
Lo que observamos en el proceso terapéutico
En nuestra experiencia acompañando estos procesos, lo que ocurre es más bien lo contrario de lo que teme la familia.
La CAA no reemplaza el lenguaje: lo complementa. Y al complementarlo, suele empujarlo.
Hay varias razones por las que esto tiene sentido:
- Baja la presión. Un niño que sabe que tiene una forma de hacerse entender se acerca a la comunicación con menos ansiedad. Y la ansiedad es uno de los grandes frenos del habla emergente.
- Asocia símbolo y significado. Al señalar un pictograma y escuchar la palabra asociada una y otra vez, el niño construye el vínculo entre el concepto y su forma sonora.
- Multiplica las oportunidades. Un niño que puede comunicarse participa más. Y cada intercambio es una oportunidad de escuchar lenguaje y practicarlo.
- Enseña para qué sirve comunicar. Antes de hablar hay que querer hablar. La CAA le muestra al niño que comunicarse produce resultados.
Lo que nos cuentan las familias
Una madre que acompañamos lo describió así, sobre su hijo que había perdido el lenguaje que ya tenía:
"Creo que la CAA potenció la comunicación de nuestro hijo, le dio la seguridad que él necesitaba para poder expresarse mejor. Facilitó mucho la comprensión y la comunicación con su entorno mientras su lenguaje avanzaba."
Esa frase final —mientras su lenguaje avanzaba— es la clave. El sistema no fue un destino. Fue un puente que sostuvo la comunicación durante el tramo en que el habla todavía no podía hacerlo sola.
Lo que sí conviene vigilar
Decir que la CAA no frena el habla no significa que cualquier implementación funcione. Hay condiciones que importan:
- El sistema tiene que acompañarse de lenguaje oral. El adulto habla mientras señala. Siempre.
- Tiene que usarse en todos los contextos, no solo en la sesión de terapia.
- Tiene que crecer con el niño. Un sistema que se queda corto deja de ser útil y se abandona.
- La familia tiene que estar dentro. Un sistema que solo entiende la terapeuta no es un sistema de comunicación.
La pregunta que vale la pena hacerse
En lugar de "¿y si esto frena su habla?", la pregunta más útil suele ser: ¿qué le está costando hoy a mi hijo no poder comunicarse?
Esa cuenta —las rabietas que no eran rabietas, las veces que se rindió antes de intentarlo, los juegos en los que no pudo entrar— suele ser más alta de lo que parece.
Si quieres orientación sobre la comunicación de tu hijo, en Ceclidi estamos para acompañarte:
Escribimos antes sobre otros mitos frecuentes en La CAA abre caminos a la voz.
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