Cerramos el Mes de la Comunicación Aumentativa y Alternativa con la pregunta más práctica de todas: una vez que se decide usar CAA, ¿cómo se elige el sistema y cómo se logra que realmente se use?

Porque ese es el punto donde muchos procesos se caen. No por elegir mal, sino porque el sistema nunca sale de la sesión de terapia.

Cuatro pasos para elegir

1. Evalúa las necesidades de la persona

Antes de mirar ninguna herramienta, hay que mirar al niño. Qué comprende, qué habilidades motoras tiene para señalar o pulsar, cómo se comunica hoy, qué le frustra y qué necesita poder decir.

Un sistema elegido sin este paso puede ser excelente en abstracto e inútil para ese niño en particular.

2. Elige el sistema más funcional y motivador

Dos criterios, y los dos importan.

Funcional significa que le sirva para lo que necesita comunicar en su vida real, no para lo que estaría bien que comunicara.

Motivador significa que él quiera usarlo. Un sistema que le resulta aburrido o difícil se abandona, por bueno que sea sobre el papel. Los primeros símbolos deberían servirle para pedir cosas que de verdad quiere.

3. Integra la CAA en la vida diaria

Este es el paso decisivo. Un sistema de comunicación que solo existe en un contexto no es un sistema de comunicación.

Tiene que estar disponible en la casa, en la escuela, en el carro, en casa de los abuelos. Tiene que usarse para cosas cotidianas —pedir comida, elegir a qué jugar, decir que algo no le gusta— y no solo en ejercicios estructurados.

Y tiene que usarse también cuando el niño no lo está usando: el adulto señala mientras habla, modelando cómo se hace. Así como un niño escucha miles de palabras antes de decir la primera, necesita ver el sistema en uso mucho antes de manejarlo solo.

4. Involucra a la familia y al entorno cercano

Si el único que entiende el sistema es el terapeuta, el niño no tiene con quién comunicarse.

Hermanos, abuelos, maestros y cuidadores necesitan saber qué es, para qué sirve y cómo responder cuando el niño lo usa. Esa capacitación no es un extra del proceso: es parte del proceso.

Un ajuste que conviene anticipar

El sistema va a quedarse corto. Eso no es un fracaso, es señal de que funcionó.

A medida que el niño se comunica más, va a necesitar más vocabulario, más categorías y estructuras más complejas. Un sistema que no crece se vuelve frustrante y el niño lo abandona, no porque no quiera comunicarse, sino porque ya no le alcanza.

Revisar y ampliar el sistema periódicamente es parte del plan desde el inicio.

Lo que hay que recordar

El objetivo no es que la persona aprenda a usar una herramienta. El objetivo es que se comunique, participe y sea más independiente.

Si el sistema cumple eso, está bien elegido. Si no lo cumple, hay que cambiarlo, por muy recomendado que venga.

Cada persona tiene el derecho a comunicarse. La CAA abre posibilidades, construye puentes y genera inclusión. Comunicar es incluir.

Si quieres orientación sobre la comunicación de tu hijo, en Ceclidi estamos para acompañarte:

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