Cerramos esta serie sobre regulación emocional volviendo al punto de partida, que es también el más fácil de olvidar cuando uno está aprendiendo técnicas.
Regular no es dejar de sentir. Es comprender lo que sentimos y elegir cómo responder.
La diferencia no es menor. Un niño que aprende a no sentir enojo no aprendió a regularse: aprendió a esconderlo, y eso tiene un costo que suele aparecer más adelante. Un niño que aprende que el enojo le está avisando algo, y que tiene formas de responder sin hacerse daño ni lastimar a otros, sí aprendió a regularse.
Las emociones informan
Cada emoción trae información. El miedo señala una amenaza, real o percibida. El enojo suele indicar que algo se siente injusto o que un límite fue cruzado. La tristeza habla de una pérdida. La frustración aparece cuando algo no sale como esperábamos.
Ninguna de ellas es el problema. El problema aparece cuando la intensidad impide responder bien, o cuando la respuesta hace daño.
Por eso el trabajo no consiste en eliminar emociones, sino en poder escucharlas sin quedar a merced de ellas.
Los tres pasos
Toda la serie cabe, en el fondo, en tres movimientos:
1. Reconozco
Digo qué siento y noto en qué parte del cuerpo lo siento.
Nombrar una emoción baja su intensidad. Es de los hallazgos más consistentes en este terreno y de los más fáciles de comprobar en casa.
2. Regulo
Elijo una acción: respiro lento, pido espacio o muevo el cuerpo.
Aquí entran todas las estrategias que fuimos viendo, y cuál sirve depende de la persona y del momento.
3. Elijo
Cuando baja la intensidad, digo qué necesito sin lastimar.
Este es el paso que cierra el ciclo. La emoción trajo un mensaje; ahora se puede hacer algo con él.
Cuatro preguntas que ayudan
Cuando el proceso se traba, estas cuatro preguntas suelen destrabarlo:
- ¿Qué siento? Nombro la emoción.
- ¿Dónde lo siento? Señalo la parte de mi cuerpo.
- ¿Qué necesito? Pido apoyo, espacio o descanso.
- ¿Qué puedo hacer? Respiro, me muevo o pido ayuda.
Funcionan con un niño de seis años y con un adulto de cuarenta. Cambian las respuestas, no las preguntas.
Lo que hemos visto en esta serie
Empezamos con la corregulación, porque la autorregulación se construye en compañía. Pasamos por estrategias para regresar a la calma, por lo que funciona con niños, con adolescentes y con adultos, por lo que los padres pueden hacer durante una crisis, y por cómo entrenar todo esto en familia.
Si hay algo que atraviesa todo, es esto: las estrategias se aprenden en calma y se practican antes de necesitarlas. Lo demás son variaciones sobre ese principio.
Escúchate
La regulación emocional no es una habilidad que se domina y ya. Es una práctica que se sostiene, con días mejores y peores, y que se le enseña a un niño sobre todo mostrándosela.
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Y si en tu familia las emociones intensas están costando más de lo que deberían, no hace falta resolverlo solos. En Ceclidi estamos para acompañarte:
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