Por: Lcda. Bárbara Mejía y el equipo de Ceclidi.
Intenta armar un rompecabezas y a la tercera pieza que no encaja, lo lanza al suelo. Empieza una tarea y al primer error quiere dejarlo todo. Se le pide algo nuevo y antes de intentarlo dice “no puedo”. Si tu hijo se frustra con rapidez y abandona las tareas al menor obstáculo, es comprensible que te preocupes. Pero antes de pensar que le falta carácter o que es “flojo”, vale la pena mirar más allá.
¿Qué es la Tolerancia a la Frustración y Por Qué Importa?
La tolerancia a la frustración es la capacidad de enfrentar situaciones difíciles, obstáculos o errores sin desmoronarse emocionalmente. Es una habilidad que se construye progresivamente durante la infancia y que depende de varios factores: la madurez del sistema nervioso, las experiencias previas y el modelaje de los adultos.
En niños con diferencias en el neurodesarrollo, esta habilidad puede desarrollarse a un ritmo distinto. No es que no quieran esforzarse; es que la experiencia interna de la frustración es mucho más intensa y abrumadora para ellos.
¿Por Qué Algunos Niños Se Rinden Tan Rápido?
- Historial de fracasos repetidos: Si un niño ha intentado muchas veces y ha fallado, su cerebro empieza a anticipar el fracaso. Rendirse antes de intentar se convierte en una estrategia de protección emocional.
- Perfeccionismo e inflexibilidad cognitiva: Algunos niños tienen una visión rígida de cómo deben ser las cosas. Si el resultado no coincide con su expectativa, la frustración es inmediata y desproporcionada.
- Desregulación emocional: En condiciones como el TDAH, la intensidad emocional es mayor. La frustración que para otro niño sería un pequeño tropiezo, para ellos se siente como una avalancha.
- Dificultades no detectadas: A veces, un niño se rinde rápido en tareas específicas porque tiene una dificultad subyacente que no ha sido identificada, como un problema de aprendizaje, una dificultad motora o un déficit en el procesamiento visual.
El Impacto en la Autoestima
Cada vez que un niño se rinde y recibe críticas por ello (“¡ni siquiera lo intentaste!”, “así nunca vas a aprender”), su autoestima se erosiona un poco más. Se genera un círculo vicioso: baja tolerancia a la frustración lleva a abandono, el abandono genera críticas, las críticas refuerzan la creencia de que “no soy capaz”, y esa creencia alimenta la baja tolerancia a la frustración.
Estrategias para Acompañar sin Sobreproteger
- Normaliza el error: Habla abiertamente de tus propios errores y de cómo los manejas. “Hoy se me quemó la comida, me frustré un momento, pero volví a intentar.” El modelaje es la herramienta más poderosa.
- Ajusta la dificultad: Si una tarea consistentemente genera frustración extrema, puede ser que el nivel de dificultad no sea el adecuado. Empieza por retos alcanzables y ve subiendo gradualmente.
- Celebra los intentos: “No te salió perfecto, pero lo intentaste y eso es lo más valiente que puedes hacer.” El mensaje es claro: el valor está en intentar, no en el resultado.
- Enséñale a pedir ayuda: Rendirse no debería ser la única opción. Ayúdalo a identificar cuándo necesita apoyo y a pedirlo sin sentir vergüenza.
- Dale espacio para la emoción: Antes de resolver el problema, permite que exprese su frustración. “Entiendo que estás enojado porque no te salió. Está bien sentirse así.”
Si la baja tolerancia a la frustración es constante, intensa y afecta múltiples áreas de su vida, es recomendable buscar una evaluación profesional que ayude a entender qué está pasando y cómo intervenir de manera efectiva. En Ceclidi, estamos para ayudarte.
