Por: Lcda. Bárbara Mejía y el equipo de Ceclidi.
Cuando escuchamos “TDAH”, la primera idea que suele venir a la mente es la de un niño que no puede prestar atención. Si bien la inatención es un síntoma característico, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es mucho más complejo. Reducirlo a un simple problema de atención es como mirar solo una pieza de un gran rompecabezas.
Para un apoyo integral, es fundamental comprender que el TDAH impacta múltiples áreas del desarrollo. Aquí te presentamos 4 aspectos clave que a menudo se pasan por alto:
1. No es Falta de Atención, es un Reto en las Funciones Ejecutivas
Más que una incapacidad para prestar atención, el TDAH es un trastorno del sistema ejecutivo del cerebro. Las funciones ejecutivas son el “director de orquesta” de nuestra mente: nos ayudan a planificar, organizar, gestionar el tiempo, controlar impulsos y regular nuestras emociones. Un niño con TDAH puede tener la intención de hacer sus deberes, pero su “director de orquesta” tiene dificultades para coordinar todos los pasos necesarios para empezar y terminar la tarea.
2. El Misterioso “Hiperfoco”
¿Tu hijo puede pasar horas concentrado en un videojuego o armando un complejo set de LEGO, pero no puede mantener la atención ni 10 minutos en una tarea escolar? Esto no es falta de voluntad, es hiperfoco. El hiperfoco es una capacidad de concentración intensa y prolongada en actividades que resultan altamente motivadoras. Lejos de ser un “superpoder”, es otra cara de la misma moneda de la desregulación atencional. El problema no es la falta de atención, sino la incapacidad para regularla y cambiar el foco de una actividad placentera a una que no lo es.
3. Dificultades de Lectura y Escritura: Una Conexión Esperada
Muchos niños con TDAH tienen dificultades con la lectura y la escritura, y no es una coincidencia. Estas tareas requieren un uso intensivo de las funciones ejecutivas: la memoria de trabajo para retener ideas, la organización para estructurar un párrafo y la atención sostenida para leer un texto largo. Pedirles que “lean más” o que hagan planas no solucionará el problema de fondo. Es crucial buscar una evaluación especializada para entender la causa de la dificultad y encontrar las estrategias de apoyo adecuadas.
4. Una Madurez Emocional y Social a su Propio Ritmo
Es común que los niños con TDAH parezcan “inmaduros” para su edad. Esto se debe a que el desarrollo de su cerebro, especialmente en las áreas que regulan las emociones y la comprensión de las normas sociales, puede llevar un ritmo más lento. Pueden tener reacciones emocionales más intensas, dificultades para “leer” situaciones sociales o problemas para hacer y mantener amigos. No es mala intención; es una diferencia en su desarrollo neurológico.
Comprender estas cuatro claves nos permite mirar más allá de los síntomas más evidentes y acompañar a nuestros hijos con mayor empatía y eficacia, fortaleciendo no solo su aprendizaje, sino también su autoestima y bienestar emocional.
