Llora y no sabe decir por qué. Se enoja “por nada”. Se encierra en su cuarto o deja de hablar. Y cuando le preguntas qué le pasa, la respuesta es un “nada” o un encogerse de hombros.
Para muchas familias, estas escenas generan una mezcla de preocupación y frustración: queremos ayudar, pero no sabemos qué está pasando por dentro. Lo que a veces ocurre es más sencillo, y más importante, de lo que parece: al niño le cuesta expresar lo que siente.
¿Qué puede estar pasando?
Expresar una emoción no es un solo paso. Implica, al menos, tres habilidades distintas:
- Reconocer lo que siente: notar que algo cambió en su cuerpo y en su ánimo.
- Encontrar las palabras para nombrarlo: no es lo mismo “estoy mal” que “estoy decepcionado” o “tengo miedo”.
- Pedir ayuda de forma clara: saber qué necesita y a quién decírselo.
Cuando alguna de estas piezas todavía no está consolidada, el malestar no desaparece: busca otra salida. Entonces puede mostrarse con llanto, enojo, aislamiento o cambios en la conducta. No es que el niño quiera portarse mal; es que todavía no tiene una forma más clara de decir lo que le pasa.
Expresar lo que sentimos también es una habilidad que se aprende
Nadie nace sabiendo nombrar sus emociones. El vocabulario emocional se construye, igual que el vocabulario para nombrar colores o animales: escuchando a otros usarlo, practicándolo y recibiendo respuesta.
Algunos niños lo adquieren casi sin esfuerzo. Otros necesitan más tiempo y más apoyo, por su temperamento, por su etapa de desarrollo, porque les cuesta más el lenguaje en general o porque están pasando por algo que los desborda (un cambio de colegio, la llegada de un hermano, una pérdida).
Señales que vale la pena observar
- Reacciona con mucha intensidad y luego no logra explicar qué pasó.
- Usa casi siempre las mismas palabras para todo: “mal”, “feo”, “aburrido”.
- Se queja con frecuencia de dolores de estómago o de cabeza sin causa médica clara, sobre todo antes de situaciones que le generan tensión.
- Se aísla en lugar de pedir ayuda.
- En el colegio reportan cambios de conducta que en casa no logras entender.
Ninguna de estas señales, por sí sola, indica un problema. Pero si se repiten o están afectando su día a día, vale la pena prestarles atención.
Cómo ayudarle desde casa
- Ponle nombre a lo que observas. “Parece que estás frustrado porque la torre se cayó.” Narrar la emoción le presta las palabras que todavía no tiene.
- Nombra también tus emociones. “Hoy estoy cansada y por eso hablo más bajito.” Así aprende que sentir es normal y que se puede decir.
- Amplía el vocabulario poco a poco. Cuentos, películas y juegos son buenas oportunidades para preguntar: “¿Cómo crees que se siente este personaje?”.
- Ofrécele frases para empezar. “Me siento… porque…” o “Necesito…” son estructuras simples que facilitan pedir ayuda.
- Valida antes de corregir. “Entiendo que estés enojado” no significa permitir cualquier conducta; significa que la emoción es válida aunque haya que cambiar la forma de expresarla.
- Elige el momento. En plena crisis no se aprende. La conversación sobre lo que pasó funciona mejor cuando ya hay calma.
Cómo lo trabajamos en Ceclidi
Cuando a un niño le cuesta expresar lo que siente, en Ceclidi trabajamos de manera personalizada para fortalecer su bienestar emocional y las herramientas que necesita:
- Identificación y nombre de emociones, para que pueda reconocer lo que le pasa.
- Estrategias para expresar necesidades de forma clara.
- Regulación emocional en situaciones difíciles.
- Habilidades sociales para comunicarse mejor con otros niños y adultos.
- Acompañamiento a familia y colegio, para que todos usen un mismo lenguaje y las estrategias se sostengan fuera de la sesión.
¿Cuándo buscar apoyo de psicología infantil?
Conviene consultar cuando las reacciones emocionales son frecuentes o muy intensas, cuando duran más de lo esperado para su edad, cuando están afectando su relación con otros o su rendimiento escolar, o cuando como familia sienten que ya intentaron mucho sin resultados. Una evaluación permite entender qué está pasando y diseñar un acompañamiento a su medida. En nuestras sedes en Guatemala, el área de Desarrollo Emocional acompaña a niños y familias en este proceso.
Cuando encontrar las palabras para comunicar una emoción resulta difícil, contar con el acompañamiento adecuado puede marcar una diferencia.
Si tienes dudas o quieres orientación para tu hijo, en Ceclidi estamos para acompañarte:
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