El 1 de octubre celebramos en Guatemala el Día del Niño. Y celebramos algo mucho más grande que una sonrisa.
Celebramos la imaginación que los hace soñar, la curiosidad que los lleva a descubrir el mundo y cada emoción que poco a poco están aprendiendo a comprender.
Ser niño también es equivocarse
Hay una idea muy instalada de que la infancia es una etapa fácil. Quienes acompañamos procesos de desarrollo sabemos que no lo es tanto: en pocos años, un niño tiene que aprender a hablar, a leer, a esperar su turno, a perder un juego, a separarse de sus papás, a tolerar que algo no salga como quería y a convivir con otros que también están aprendiendo todo eso.
Porque ser niño también es sentir, preguntar, equivocarse, explorar y aprender. Todo eso, al mismo tiempo, mientras el cerebro sigue en construcción.
Por eso, celebrarlos no debería reducirse a un regalo. La mejor manera de celebrar a un niño es hacerle más fácil ese trabajo enorme que está haciendo.
Validar lo que sienten: el regalo que sí se queda
Acompañarlos con amor y validar lo que sienten les ayuda a construir herramientas para crecer con mayor seguridad y bienestar emocional.
Validar no significa estar de acuerdo con todo ni ceder ante cualquier reacción. Significa reconocer que lo que siente es real antes de corregir la conducta:
- "Entiendo que te dio rabia que se acabara el juego" antes de "pero no se tiran los juguetes".
- "Te dio miedo, tiene sentido" antes de "no pasa nada".
- "Te costó y te frustraste" antes de "inténtalo otra vez".
Ese orden importa. Un niño cuya emoción es reconocida aprende dos cosas a la vez: que lo que siente tiene nombre, y que sentirlo no lo deja solo. Sobre esa base se construye la regulación emocional; sin ella, cuesta mucho más.
Tres formas sencillas de celebrarlos todos los días
- Diez minutos de juego que él dirija. Sin corregir, sin enseñar, sin ganar. Solo seguirle el juego. Es de las intervenciones más simples y potentes que existen.
- Preguntar y esperar la respuesta completa. Muchos niños dejan de contar porque el adulto termina sus frases. Un silencio de tres segundos vale más que diez preguntas.
- Dejar espacio para aburrirse. El aburrimiento es el punto de partida de la imaginación. Una agenda llena de actividades no siempre deja lugar para inventar.
Que nunca les falte un lugar donde ser ellos mismos
En Ceclidi acompañamos todos los días a niños que están aprendiendo a hablar, a leer, a moverse con más seguridad o a entender lo que sienten. Y confirmamos algo constantemente: el avance llega más rápido cuando el niño se siente aceptado tal como está hoy, no cuando siente que debe cambiar para merecer aprobación.
Que nunca les falte un espacio donde puedan ser ellos mismos, sentirse escuchados y crecer siendo felices.
¡Feliz Día del Niño! 🧸🌈
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